Finalmente se le dio a Viento (mi perro) y consiguió una pretendiente muy dispuesta a entregar su cuerpo para satisfacer sus más profundos deseos carnales, que muchos conocemos en pierna propia.

La aventura comenzó con un llamado telefónico un viernes por la mañana, una mujer que pidió mis datos en una veterinaria del barrio buscando un ejemplar macho de "Bearded Collie" o "Collie Barbudo" (no insista señora, no es un pastor inglés). Me preguntó si quería cruzar a Viento, a lo que yo respodí que encantado y para cuando estaría entrando en celo la perra (de aquí en adelante Matilda), a lo que me respondió... "y... ¿hoy te viene bien?". Ok, todo sea por mi perro -pensé-, así que quedamos para una primera cita en la terraza de la casa de mi madre.
Esa tarde se encontraron Marilda y Viento, había onda pero dada la inexperiencia de los dos virginales caninos la cosa sirvió para que se conozcan. También me enteré que la raza era un poco difícil para cruzar, al parecer los machos cuentan con un bajo nivel de líbido y a primera vista ese parecía el problema de Viento. En principio embalaba bien, olfateaba, se montaba, pero al cabo de unos 10 segundos de vertiginosos movimientos pélvicos se bajaba y miraba para otro lado. Decidimos dejarlo ahí por ese día mientras ella iba al veterinario para pedirle unos consejos y hacer unos análisis para corroborar el estado del celo de Matilda.
Cuando ya pensaba que mi pobre perro iba a morir virgen, el sábado recibí otro llamado para concretar una segunda cita el domingo en la casa de Matilda. Al parecer, el domingo sería el día justo del celo y el veterinario dijo que Matilda iba a estar entregadísima... y así fue. Así que al día siguiente llegamos con el can y los dejamos corretear en el jardín por un rato. Definitivamente Matilda había aceptado a Viento y hacía todo lo posible por "conquistarlo". De a poco mi perro empezaba a mostrar interés, pero repetía sus cortas demostraciones de afecto una y otra vez sin que se concrete la apreciada unión carnal. Así que tuve la idea de irme y dejar que la tarde fluya sin estar mirando desde una ventana a ver que pasaba.
Mala idea. A menos de una hora de mi partida suena mi celular para decirme que desde que lo dejé el malcriadito estaba mas pendiente de mi ausencia que de la pobre desesperada que le refregaba y refregaba su entrepierna en el hocico. En fin, plan B, al día siguiente iríamos al veterinario para una inseminación artificial. Ninguno de nosotros teníamos idea de como sería el "proceso", o mejor dicho, como sería con un perro así que tratamos de no pensar en ello y el lunes nos develarían el misterio.
El lunes al mediodía llegamos a la veterinaria, la rueda ya estaba andando así que ya no importaban las horas y kilometros recorridos, hoy terminaría todo. Sergio, el veterinario, quiso intentar una vez mas la vía natural... pero seguíamos en la misma... así que luego de un "y no, esto no va a andar" sacó del bolsillo delantero de su ambo un frasquito de vidrio transparente, y agachándose comenzó a sacudir manualmente el organo reproductor de Viento. Listo el trámite número 1. Tramite número 2 ya fue mas sofisticado, requirió de una mangüerita y una jeringa, pero al cabo de unos minutos ya estaba todo terminado.
Los trámites se tuvieron que repetir al día siguiente para aumentar las posibilidades de preñez y número de cachorros. Así que Vientito, sin entender nuevamente que estaba pasando, recibió una segunda vuelta del tratamiento.
Y así fue, en 2 meses habrá nuevos cuadrupedos peludos entre nosotros.

La aventura comenzó con un llamado telefónico un viernes por la mañana, una mujer que pidió mis datos en una veterinaria del barrio buscando un ejemplar macho de "Bearded Collie" o "Collie Barbudo" (no insista señora, no es un pastor inglés). Me preguntó si quería cruzar a Viento, a lo que yo respodí que encantado y para cuando estaría entrando en celo la perra (de aquí en adelante Matilda), a lo que me respondió... "y... ¿hoy te viene bien?". Ok, todo sea por mi perro -pensé-, así que quedamos para una primera cita en la terraza de la casa de mi madre.
Esa tarde se encontraron Marilda y Viento, había onda pero dada la inexperiencia de los dos virginales caninos la cosa sirvió para que se conozcan. También me enteré que la raza era un poco difícil para cruzar, al parecer los machos cuentan con un bajo nivel de líbido y a primera vista ese parecía el problema de Viento. En principio embalaba bien, olfateaba, se montaba, pero al cabo de unos 10 segundos de vertiginosos movimientos pélvicos se bajaba y miraba para otro lado. Decidimos dejarlo ahí por ese día mientras ella iba al veterinario para pedirle unos consejos y hacer unos análisis para corroborar el estado del celo de Matilda.
Cuando ya pensaba que mi pobre perro iba a morir virgen, el sábado recibí otro llamado para concretar una segunda cita el domingo en la casa de Matilda. Al parecer, el domingo sería el día justo del celo y el veterinario dijo que Matilda iba a estar entregadísima... y así fue. Así que al día siguiente llegamos con el can y los dejamos corretear en el jardín por un rato. Definitivamente Matilda había aceptado a Viento y hacía todo lo posible por "conquistarlo". De a poco mi perro empezaba a mostrar interés, pero repetía sus cortas demostraciones de afecto una y otra vez sin que se concrete la apreciada unión carnal. Así que tuve la idea de irme y dejar que la tarde fluya sin estar mirando desde una ventana a ver que pasaba.
Mala idea. A menos de una hora de mi partida suena mi celular para decirme que desde que lo dejé el malcriadito estaba mas pendiente de mi ausencia que de la pobre desesperada que le refregaba y refregaba su entrepierna en el hocico. En fin, plan B, al día siguiente iríamos al veterinario para una inseminación artificial. Ninguno de nosotros teníamos idea de como sería el "proceso", o mejor dicho, como sería con un perro así que tratamos de no pensar en ello y el lunes nos develarían el misterio.
El lunes al mediodía llegamos a la veterinaria, la rueda ya estaba andando así que ya no importaban las horas y kilometros recorridos, hoy terminaría todo. Sergio, el veterinario, quiso intentar una vez mas la vía natural... pero seguíamos en la misma... así que luego de un "y no, esto no va a andar" sacó del bolsillo delantero de su ambo un frasquito de vidrio transparente, y agachándose comenzó a sacudir manualmente el organo reproductor de Viento. Listo el trámite número 1. Tramite número 2 ya fue mas sofisticado, requirió de una mangüerita y una jeringa, pero al cabo de unos minutos ya estaba todo terminado.
Los trámites se tuvieron que repetir al día siguiente para aumentar las posibilidades de preñez y número de cachorros. Así que Vientito, sin entender nuevamente que estaba pasando, recibió una segunda vuelta del tratamiento.
Y así fue, en 2 meses habrá nuevos cuadrupedos peludos entre nosotros.

1 comment:
Sólo faltaba para cerrar un curioso y suculento relato que la hembra se llamara "Manuela"...jajajajaja!!!!
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